Por Fernanda Tapia y Arturo Tapia

 

¿Cuál es la causa y cuál es el problema que produce la diáspora latinoamericana?
Se trata de una crisis humanitaria con nula respuesta digna de nuestra parte. La caravana, que en realidad es un éxodo, está evidenciando lo que ya ni siquiera reparamos en ocultar: el racismo mexicano.

Al menos 11,500 migrantes han entrado al país desde el 19 de octubre en cuatro grupos. Dos de hondureños y dos de salvadoreños principalmente.
Un primer grupo, de unos 7,000 hondureños, entró al país el 19 de octubre y después de transitar por Chiapas, Oaxaca y Veracruz, finalmente llegó a la Ciudad de México. A este grupo se sumaron unas 2,000 personas que ingresaron el 29 de octubre y que les siguen lentamente el paso.
Al principio, 500 salvadoreños solicitaron asilo a las autoridades mexicanas y los dirigieron a una estación migratoria de Tapachula.
Enrique Peña Nieto anunció el programa “Estás en tu casa” para los migrantes, siempre y cuando no salgan de los estados de Oaxaca y Chiapas. ¿Para que no se cansen? Racismo otra vez. Ahí no se notarán porque ahí no hay güeros. ¿Recuerdan cuando el licenciado se sorprendió tras su visita por los sismos y descubrió que por allá hay de todo?

¿Qué haremos? ¿Cómo curaremos esta locura con la que nos inoculan a diario? El rechazo a vernos y aceptarnos para después rechazar y denigrar a otros está a punto de ser la razón de nuestro exterminio. No es exageración, es tan fácil advertirlo que por qué a nadie se le ocurre decirlo más fuerte.