En México, como probablemente en Latinoamérica, nadie se siente indio, indígena o se identifica con ellos porque hacerlo implica ser considerado perdedor, pobre, ignorante, marginal, excluido, peor que “naco”, progenitor de naco renegado por el vástago, más vale naco que indio, explotado, explotables, sucio, muerto de hambre, flojo, mantenido, sin derechos y “sindios”, cuando para serlo hay que pertenecer a una comunidad.
No hay indio único, sólo se es en lo colectivo. No sé es indio por acto y omisiones, sólo se es por usos u costumbres. No hay indio castizo, sólo bilingüe o autóctono.
Sólo se es en lo colectivo y colectivamente excluido.
Nosotros no podemos valorar la importancia del perdón, porque nosotros no somos las víctimas del agravio, sino sus perpetradores, por acción, omisión o desinterés y apatía…
Pero que nadie los defienda porque eso sí nos agravia, porque de igualarlos con nosotros, perderíamos a quien comparar cuando a alguien queremos discriminar.
Sin el indio, no hay por quién sentirnos mejor por haber siempre alguien más jodido que nosotros.
Si jodidez es nuestra riqueza.
Sir Arthur.

 

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