El caso de Lucía (pseudónimo dado por sus abogados para preservar su identidad) una chiquita de 11 años violada por el novio de su abuela, causó indignación en Argentina. Tanto para los que están en contra del aborto, como para los que están a favor.

A finales de enero, Lucía llegó con su mamá a una clínica en la provincia de Tucumán debido a que la menor sufría dolores de estómago muy fuertes… ¿El diagnóstico? Estaba embarazada de 19 semanas.

Al enviarla a un hospital fuera de su provincia, los médicos le dieron vueltas al proceso pese al deseo de Lucía y de su madre… quería que le sacarán lo que le había puesto el viejo adentro.

A pesar de que en Argentina es legal practicar el aborto por violación (y cuando corre peligro la vida de la madre), el personal médico que la atendía rebuscaba mucho en el proceso, y según sus abogados, en lugar de darle vitaminas, le suministraron drogas para acelerar el desarrollo del bebé, lo que casi un mes después la llevó a una cesárea (que por cierto, no se realizó en ese hospital sino en uno privado).

Expertos dudan que el bebé pueda sobrevivir.

En el hospital donde la menor estaba internada le llovieron visitas de activistas antiaborto que buscaban incitarla a dar a luz en lugar de abortar. Inclusive el arzobispo mandó un mensaje de voz donde le pedía a la comunidad cuidar al feto. Cabe mencionar que este padrecito reveló la identidad de la niña.

La niña ha intentado suicidar dos veces.

Los encargados de salvaguardar la integridad y salud de la niña, se han lavado las manos diciendo que ellos no actuaron mal y lo único que querían era salvar ambas vidas. Básicamente se “echan la bolita” entre dependencia y dependencia.

Con información del New York Times