El poder corrompe

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Para los tiempos locos que corren no está de más saber que el uso de la palabra corrupción se remonta a 1438, y que morder –que viene del latín mordere– al año 1220. Viene al caso también, porque como muchas personas saben, hay gran cantidad de mexicanismos relacionados con ambos términos que bien dan para alguna canción del tipo Chilanga banda de Jaime López: chayote, chueco, cochupoaceitar, carrancear, charolearmapache, moche, mordidaentre, enjuague, embute y fayucapitufeo, cachirul, o maicear para luego repartir el queso.

Sin olvidar, por supuesto, a quienes anteponen primero el yo y mi familia, compadres, amigos, compañeros de escuela, vecinos y paisanos a costa de la empresa, institución y país. Ni las frases que pasaron a formar parte de la picaresca política nacional, como a mí pónganme donde hay, o que deberían estarlo, como la del poder sin abuso pierde su encanto, de Paul Valéry, que es epígrafe del libro más reciente de Gabriel Zaid dedicado al poder y la corrupción.

no a la corrupción (con imágenes) | Doble moral, Corrupción ...

La obra está compuesta por un preámbulo donde plantea que en México la corrupción es el sistema político mismo, nota bibliográfica donde refiere que las primeras versiones fueron publicadas entre 1978 y 2019, reescritas, con observaciones de distinguidos intelectuales y editores, y 27 breves capítulos con títulos que se prestan a reflexionar sobre temas de actualidad como el de las Arbitrariedades, Por una ciencia de la mordida, El jefe de los bandidos, La República simulada, El futuro de la corrupción, La paz comprada, Poder y verdad, Impunidad y autonomía o Dinero mal habido. Sin faltar iniciativas contra la corrupción  y la impunidad como Un día sin mordidas, La corrupción eliminable, o bien Organizarse para la denuncia.

El viaje por este libro pasa por ese monstruo Leviatán-Estado al que se pide nos perdone la vida y no nos robe demasiado, el contrato social como un contrato de seguridad pública ante todo. Pero también por los mitos del hombre nuevo y de la soberanía popular, los caudillos insurgentes y revolucionarios de los siglos XIX y XX, el poder del Señor Presidente, la fuerza de la opinión pública, la irresponsable burocracia gubernamental  o la actual multitud de monólogos autocráticos que no tratan de convencer sino de gritar hasta que no se escuchen otras opiniones. Y así va contando la génesis, esencia, fundamentos y manifestaciones de una corrupción que no es expresión de los genes del mexicano, sino síntoma de otras cosas pero que puede desaparecer en la medida en que las decisiones de interés público pasen de la zona privada del Estado a la luz pública.

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Todo es corruptible, por eso la solución pasa por prevenir y castigar los abusos del poder. De ahí que el poder impune, ese capaz de definir la realidad misma, necesite a la mentira incuestionable. Y que la corrupción también sea impostura, mañosa o trágica, y siga estando en la simulación democrática, la misma que permite imponer malas ideas y hacer buenos negocios con democracia simulada manteniendo el sistema de la paz comprada que incluye el pataleo amenazador de una variedad de actores que, entre otros, incluye traficantes de drogas, líderes sindicales, sociales o (des)gobernadores. Una lectura para documentar nuestro optimismo, como decía el finado Monsiváis, y encontrar acciones directas con distintos niveles de gravedad, costo y riesgo, así como herramientas bastante concretas –un portal de denuncias sobre las mordidas entre otros ejemplos-, para no dejar hacer de las suyas a políticos mexicanos de todo tipo y signo partidista.