Cuando no hay despedidas | por Raúl Brunó

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Las despedidas, los duelos, las partidas, los puntos finales son temas recurrentes en esta casi desaparecida sección, resalto casi (porque como dijeran mis comadres dragas no nos vamos a dejar ¿podré?). Para muchos el hartazgo y la ansiedad provocados por el confinamiento, comienzan a asomarse por las noches y otros ya hasta viven con ellos. Pero es cierto que a todos nos esta afectando de muchas maneras.

Es importante hablar de las personas que nos dejaron, que nos están dejando, que nos dejarán a causa de la pandemia. Es necesario hablar de lo que significa hoy perder a un ser querido y no poder despedirnos como nos han acostumbrado, hablemos de lo que nos toca vivir en estos tiempos de aislamiento, de incertidumbre, en estos tiempos en donde no podemos estar cerca de la familia acompañándola en esos rituales en los que, sin haber elegido, creemos porque así creyeron nuestros padres y los padres de ellos. 

Rituales donde se reúne gente por cariño, por culpa, por deber, por ser lo “políticamente correcto” o por morbo, rituales donde llegan condolencias a veces de gente que en la vida habíamos visto, rituales en los que los afectados por la pérdida terminan asistiendo a los “invitados” al velorio, en donde los afectados terminan consolando a los que hasta filas hacen para despedirse del “ser querido”. A partir de ya las formas de despedirnos se están modificando, tendremos que buscar nuevas alternativas para hacer llegar las condolencias a los que amamos, las formas de darle el último adiós tendrán que reescribirse. 

Pero es cierto también que antes de la pandemia as que los contextos nos impedían despedirnos, verlos por última vez, ser perdonados o perdonar a las personas que se fueron, que están en otra dimensión, que estoy seguro es cercana al corazón, pero que ya no nos escuchan, que ya no nos hablan, que ya no nos acarician, son muchas las historias, todas dolorosas, en las que la persona que amamos se muere y no nos despedimos, porque no nos dejaron pasar por ser menores de edad, porque estábamos peleados o distanciados, porque murió de un paro fulminante, porque se fue en un accidente o porque le arrebataron la vida en un asalto, la despedida se vuelve indispensable, forma parte del cierre de un ciclo, uno en el que esa persona dejó de estar y comenzará de inmediato uno nuevo en el que debemos aprender a vivir con su ausencia. 

Si alguna de estas historias es la suya, si no pudo despedirse, si le faltó decir “te amo” le invito a recordar lo que esa persona le enseñó, en como tocó su vida, en como la transformó,  trate de no olvidarlo, la gente mure cuando la olvidamos. 

Pero sepa también querida lectora, querido lector que una despedida nunca será suficiente para decirle a los que amamos toda la falta, todo el vacío, todo el dolor que deja su partida, es por eso que les invito desde el corazón a decirse siempre, siempre lo mucho que se aman, dígale lo mucho que ama a su mamá, a su papá a sus hermanos, a sus hijos, a sus abuelos, a sus amigos, dígale lo afortunado que se siente de que su pareja este en su vida, porque no hay futuro feliz que se logre si usted no vive este presente como si fuera la última oportunidad que la vida le está dando para abrazarla, para reírse de ella, para llorar con ella, viva para amar la vida.

Piense algo que  a la persona que se fue le gustaba mucho, pueden ser los arcoíris, la lluvia, quizá la luna, las rosas o los geranios, ahí están ellos, estoy seguro.

 

A mi madre. A 10 años de que tus ojos se volvieron estrellas

 

Hasta pronto.