La cosa no está nada fácil. El nuevo gobierno no lleva ni medio año y se entiende que hacerle reproches sobre la situación obscena y vomitiva de violencia es algo intransigente, sin embargo, es el deber primordial del gobierno: garantizar la seguridad e integridad de los habitantes y sus bienes. Pero es que llevamos mucho, demasiado tiempo sufriendo la violencia y la inseguridad en todas dimensiones, en variadas formas y ningún mexicano se sabe a salvo ni tranquilo. Punto. Ningún mexicano se sabe a salvo y hasta el presidente lo ha dicho “Tengo miedo… pero no soy cobarde”. Sabemos de la peligrosidad del país tanto que no quedó otra que insistirle que tuviera un grupo que le proteja porque nos rifamos con él pero –también como él– todos tenemos miedo y no nos apocamos, salimos a chingarle duro e intentamos no bajar la guardia pero Javier Sicilia tiene razones y emociones perfectamente válidas y sensatas para esgrimir duros y lógicos argumentos sobre la situación. Nada que refutar al escritor. Él no adjudica ni señala como responsables de la creación de este escenario incendiario que se extiende ya en dos decenios de nuestra historia –y de nuestras vidas– sino crítica con total claridad la “estrategia” que no evidencia ningún avance y que no promete ni alienta a creer que podemos con la mayor celeridad revertir cómo vivimos y cómo se muere en México.

Decir mayor celeridad es eufemismo en realidad, porque pa’ pronto y rápido ya es tarde. Lo que deseamos todos es saber que podemos continuar vivos sanos y salvos, y queremos esa esperanza, esa certidumbre y seguridad de inmediato, en este mismo instante, porque sabemos que en un sólo instante fue que cientos de miles de vidas se han perdido a manos de bastardos solitarios u organizados que siguen órdenes de hijos de puta. Todos a los que han transformado en nuestros muertos se eligieron en un instante. Por eso Javier Sicilia y los que más de cerca han visto cómo se muere y se sobrevive en México quieren ya –para ayer– que la seguridad y la paz, deber primigenio del Estado mexicano, no demore ni se invoque con “estrategias” mediáticas, vacuas o publicitarias.