Escribo ésto en un intento de llamar a las partes a la reflexión autocrítica y también para replantear un movimiento, que si bien era necesario desde mucho tiempo atrás, las formas y los fondos fueron cambiando según las necesidades. Me parece que esta situación, es una de ellas. Es inaceptable que cuando una actriz hizo la 1ª denuncia ( Asia Argento) señalando a un director todo poderoso en el medio de Hollywood (Harvey Weinstein), al poco tiempo apareciera un ataque inculpándola, a ella, de haber tenido relaciones sexuales con un menor (Jimmy Bennet). Lo que destapó un caso donde incluso su esposo ( Anthony Bourdain qepd) ya había remediado económicamente la diferencia.
Contra todas las demás acusadoras, no encontraron nada. No lograron revictimizarlas o criminalizarlas… pero cierto es que algunas personas a través de la red, las criticaban de quejarse, “cuando ya sabían a qué se atenían entrando a la actuación”. Defendiendo ESE comportamiento cual si fuera el “uso y costumbre” de toda una generación.

Es como cuando pregunto insistentemente a mis entrevistadas “si han sufrido de acoso”, a lo que ellas, sin estar formadas en el discurso de género, me contestan: “sólo lo normal”. Cuando esta situación NO DEBE normalizarse. Por mi formación en Diálogos en Confianza, la víctima siempre dice la verdad. Partamos de creerle. Porque aunque sea en último caso “en su percepción”, la víctima vivió un ataque. Apelar a la LEY en México, no sirve de gran cosa porque aunque las resoluciones se den en el marco de la LEGALIDAD, la mayoría de las veces no se hacen con JUSTICIA para ninguna de las partes. Y aquí, probablemente también se peca de intención.

Es decir “cuánto hubo de INTENCION” de ejercer su poder sobre la otra persona, al momento de los hechos. Y cuánto era su ignorancia de que las cosas en la vida no son como le contaron que eran entre hombre y mujeres. Aún la ignorancia de la ley, no exime de culpa…ESO, lo terminan decidiendo los peritoxs, jueces o juezas, quienes en su mayoría, poco o nada saben de género, diversidad, inclusión.

Me parecen igualmente absurdas las reacciones de los MEDIOS aludidos; tanto los que reaccionaron corriendo sin indemnización alguna al empleado señalado por un tweet, como aquellos que ni siquiera respondieron el señalamiento. Qué fácil para esas empresas deshacerse de un empleado y ahorrarse un dinero. Qué fácil para las otras, hacerse las omisas. El anonimato utilizado a últimas fechas por les denunciantes no ayudó mucho, aunque entendemos que lo utilizaran debido a que en ocasiones anteriores las amenazas y represiones no se hicieron esperar. Yo misma viví una, al apoyar a quienes denunciaban al director de teatro Felipe Oliva. Pero tengamos en cuenta algo: si el señalado, no tiene una forma de defenderse… también se convierte en una víctima.

Dónde queda el derecho a la “presunción de inocencia”?. Imaginemos que a lo mejor el 00.001% lo hace sin fundamento y por venganza! Regresaremos al Macartismo y la Santa Inquisición. Aunque el o la acusada ganen todo un juicio, la duda social…permanecerá. Por ESO mismo se terminaron las “famosas presentaciones” de supuestos criminales por parte de García Luna. Pensemos en el caso del bullying cuando unx jovencitx es señalada con infamias por compañeros de clase a través del mundo digital y termina quitándose la vida? Aquí daríamos también crédito a lo posteado en las redes… así sin más?. Claro que no deberíamos hacerlo. Pero cualquier asunto posteado en lo digital, se ha convertido en una verdad absoluta para el imaginario colectivo de los usuarios de estos espacios.

Entonces tendríamos que pensar que el propósito de las víctimas al levantar la voz de esta forma, se da ante nuestra histórica desventaja ante el género en el poder y también la falta de protocolos y herramientas oficiales para señalar el acoso y la violencia sin tener que perder el trabajo, tu lugar en la obra de teatro, en la orquesta, etc… como nefasta consecuencia de pedir justicia.

En una sociedad civilizada, lo sucedido debería de servir para abrir el diálogo. Con los querellantes debidamente acompañados de asociaciones, testigos, pruebas (en la medida de lo posible), peritajes psicológicos y especialistas para moderar el debate y en donde la reparación del daño podría ser desde una disculpa (pública y por los mismos medios) de cualquiera de las partes, hasta limpiar la imagen o pagar el tratamiento psicológico de ser necesario. Y no permitir que la sociedad haga válido per sé, cualquier acusación SIN MEDIAR INVESTIGACION.

Si el chiste es hacer visible la violencia, o quemar a les acusades… Bueno ya se logró. Ahora el resultado se revierte al momento que las redes están que hierven señalando como CULPABLES A LAS POR SIEMPRE MALDITAS MUJERES. No fueron ni las formas ni los canales. Y hay mucha ira ancestral contenida. La ira es mala consejera. Si no dialogamos y nos educamos con respeto en las REALIDADES de todas las diferencias, en lugar de evolucionar como sociedad sólo seguiremos sofisticando la violencia, y por supuesto, habrá ahora con este pretexto muchos más ataques en redes hacia las víctimas que intentaron, tan sólo hacer visible lo invisible y levantar la voz.

Por siempre recodaremos esta inmolación de Armando Vega Gil. Que no sea en balde. Sentémonos a Dialogar.