Pablo Schmal estrena “Ordinarios”, una canción que nos habla de una relación que se ha ido debilitando

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El amor, la mayoría de las veces empieza con la ilusión. Con las sonrisas espontáneas, las caricias que dejan de ser avergonzantes para convertirse en nuestro lugar seguro. Los mensajes a todas horas que hacen que revisemos el celular, y las ilusiones por los encuentros aunque sean fugaces. Luego, poco a poco se empiezan a tener experiencias en conjunto, promesas de un ritual que podría durar para siempre. Pero, como dice Pablo Schmal en “Ordinarios”: “Lo único eterno son las pirámides”.

La canción es el cuarto sencillo del álbum AUTOCLUB de Pablo Schmal. Fue compuesta por el cantautor lagunero y también producida por él mismo, con la colaboración de Memo Andrés (El Viaje de Lázaro, Espumas y Terciopelo) quien además realizó la mezcla. Memo Andrés ha trabajado con importantes nombres en la escena indie mexicana como pueden ser los Technicolor Fabrics, Daniel, me estás matando, Vanessa Zamora o Sabino. Cada elemento de “Ordinarios” está cuidado hasta el último detalle, es por eso que la batería estuvo a cargo de Rodrigo “Zurdo” Ortega (Camila, Leonel García, Motel) y el bajo —que, sin duda, le da un toque especial a la canción— corrió a cargo de Rubén Limas (Director musical de Ana Torroja). Edgardo y Benjamín Carone (quienes trabajaron en el MTV Unplugged de Zoé) se encargaron de las cuerdas; y Hortencia Fuentes y María José Ruiz fueron las intérpretes de cello y viola respectivamente. Para la masterización, Óscar Zambrano aportó la experiencia que ha adquirido con artistas de talla internacional como Black Pumas, Noah Cyrus o Niall Horan.

 

Además de ser la mente maestra detrás de la música, Pablo Schmal también dirigió el vídeo y lyric video  junto a Bryan Escobedo (director de videoclips para Vantinger, Kid Khan y Halcón 7). Como ya se está haciendo tradición, en el lyric contó con una interpretación para lengua de señas a cargo de Daniela Manzanera. Un paseo en carretera en donde Pablo interpreta “Ordinarios” como una especie de relato catártico. Las palabras que nunca se quisieron pronunciar salen sin esfuerzo para aceptar que no es culpa de nadie, que simplemente, hay veces en que los ciclos se cumplen, hay momentos en donde los labios se secan, las canciones que compartían pasaron de moda y el lazo que parecía eterno, maravilloso, fuera de este mundo… se volvió ordinario.