Por Paulina García M.

Navegando por la red encontré un artículo electrónico titulado ¿Por qué decidí esterilizarme a los 23 años?, en éste se narraba la historia de una mujer llamada Valerie que desde temprana edad tomó la decisión de volverse estéril y ha sido algo de lo que no se ha arrepentido.

A su vez, dentro de la nota aparecía la vivencia de una chica londinense que no ha podido realizar este procedimiento, pues a pesar de tener 29 años de edad, se le ha negado la esterilización por ser considerada muy joven para tomar esta decisión.

Leer esto me llevó a preguntarme cuántas de nosotras no tenemos ese “instinto materno” y si accederíamos a realizarnos una operación de este tipo. Se trata no sólo de un método anticonceptivo eficaz, sino también de un plan de vida definitivo.

Existen muchos contrastes en cada país en torno a este tema. En algunos, la ligadura de trompas de falopio es mal vista, mientras que, en otros lugares como la India ofrecen dinero a las mujeres que la lleven a cabo, debido a que es el segundo país con mayor índice de sobrepoblación. 

La ligadura de trompas es un procedimiento que debe realizarse con sus debidas precauciones, de acuerdo con información de especialistas, los pasos que se llevan a cabo son los siguientes:

  • Primero se hacen dos incisiones pequeñas en el abdomen.
  • Después se introduce una sonda con una cámara diminuta en uno de los extremos.
  • A través de la otra incisión se introducen los instrumentos para bloquear las trompas.
  • Las trompas se sellan con un gancho de tamaño chico o un anillo, también pueden quemarse. 

Así que, aunque hoy en día la mayor parte de la población femenina sueña con ser madre, existen otras personas que no lo desean. Es decisión de cada una de nosotras lo que hacemos con nuestro cuerpo y con nuestros planes de vida.