por Elisa Corona Aguilar

Durante las charlas y eventos de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil 2018 he tenido la oportunidad de volver a mis reflexiones sobre la censura y compartir con otros esta preocupación.

Cuando escribí por primera vez del tema, hace algunos años, hablé de la censura por parte de algunos grupos religiosos a Harry Potter, de los temas incómodos como la sexualidad y la cuestión racial en otros libros que se han convertido en clásicos infantiles. Corroboro al comparar anécdotas, experiencias personales y noticias internacionales que hoy el fascismo y la ultra derecha parecen repuntar en el mundo y, con ellos, su costumbre de eliminar libros que parezcan cuestionar su poder y autoritarismo, su deseo de eliminar al otro – el que profesa una religión diferente, una sexualidad diferente, el que es físicamente distinto, el que tiene menos privilegios.

Autores y editores españoles hablaron de los recientes casos de censura en Venecia; también se mencionó el deseo de Bolsonaro, en Brasil, de hacer una purga de libros “inapropiados” para niños. Otros editores mencionaron dictámenes negativos respecto a libros que hablaban sobre la depresión y el suicidio. Las preguntas que surgen hoy son las preguntas de siempre: ¿quién se ofende y por qué ante los libros infantiles “inapropiados” o “censurables”? ¿A quién se está protegiendo realmente? ¿Al adulto o al niño…o al estado..o a la iglesia? Entre lectores, editores y escritores se habló también de resistencia, de apertura, de ensanchar los espacios de las letras para abrir opciones para los más pequeños y para nosotros mismos: es una tarea apremiante en un mundo donde el deseo de censurar al otro oculta un deseo de enmudecerlo para siempre y a toda costa, con tal de conservar el poder para unos cuantos.

Elisa Corona Aguilar (México, 1981) es autora del libro de ensayos Niños, niggers, muggles: censura y literatura infantil (2012) y El Doctor Vértigo y las tentaciones del desequilibrio (2017), entre otros títulos.

 

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