La libertad del movimiento de tus puños, está limitada por la posición de la nariz de tu vecino
Karl R. Popper

 

“Solo la democracia proporciona un marco institucional capaz de permitir las reformas sin violencia y, por consiguiente, el uso de la razón en los asuntos públicos”, bajo esta premisa el filósofo y pensador austriaco Karl R. Popper nos advierte sobre las bondades de las democracias y el peligro que el autoritarismo que se cierne en ellas, al contaminar el pensamiento de las sociedades.

Por medio del estudio de la historia, el hombre busca las respuestas a todos los problemas que han aquejado a la humanidad, creyendo el hombre a través del historicismo, que el hombre va evolucionando y que una época siempre será mejor que la que la precedió, debido a la evolución natural de las sociedades, aunque el pensador austriaco nos dice que no siempre ocurre así, sino que la mayoría de las veces, involucionamos, siendo prueba de ello el ascenso del totalitarismo que precedió a la Segunda Guerra Mundial, pese a los horrores de 1914.

La doctrina del pueblo elegido, lleva consigo el veneno de justificar cualquier acción, tal como lo hicieron los nazis en Europa y, como está ocurriendo en Medio Oriente bajo la égida de Israel que pese a los acuerdos de Camp David sigue evitando el florecimiento del pueblo palestino.

Por otra parte, Marx utilizó la teoría del pueblo elegido, para transpolarla hacia una clase elegida, la obrera, la cual bajo so pretexto de ser el pilar del capitalismo, la conminó a la apropiación de los bienes de producción con los resultados por todos conocidos en la otrora Unión Soviética.

La dictadura del historicismo y de tratar de buscar las respuestas en las etapas que nos antecedieron como sociedad, lo encontramos en Hesíodo, en la antigua Grecia, donde aquel filósofo decía que el destino natural de las sociedades era una vez alcanzada la plenitud, degenerar en lo moral, lo que acarreará la decadencia, dando la historia grandes ejemplos de ello.

Popper nos advierte sobre el amor hacia el Platonismo que heredamos de los griegos y de los padres fundadores de la Iglesia, en virtud de que define el bien como “todo aquello que preserva” y mal todo lo que lo genera, teoría que ha gobernado al mundo occidental desde que Platón publicó su República en el siglo V A.C.

Bajo el tufo del platonismo, las democracias han subyugado a la sociedad con conceptos abstractos como democracia y libertad, las cuales son utilizados por las clases dominantes y por los caudillos que las enarbolan.

Para Platón la desunión de la clase gobernante, junto con una excesiva preocupación por las cuestiones económicas, constituye el origen de todo cambio social, aunque desde los tiempos de Protágoras, nosotros como sociedad tenemos la tendencia de aceptar los valores de nuestro tiempo como naturales, lo cual es utilizado en su beneficio por los gobiernos en turno, para la adoctrinación de la sociedad.

El peligro de los pensamientos heredados por los griegos, quienes son los creadores de la forma de pensar de los occidentales, radica de acuerdo a Popper a que sus ideas, aunque injustas si se les analiza rigurosamente, son aceptadas por todos los estudiosos, haciendo que ideas maléficas sean puestas como benéficas, simplemente gracias a las argucias de los sofistas.

Ejemplo de ello es la frase de Aristóteles, considerado como un pilar del pensamiento en occidente, quien decía “La desigualdad natural de los hombres es una de las causas por las cuales el hombre vive en sociedad, pues sus dones naturales resultan así complementarios, debido a que la vida en sociedad surge de la desigualdad natural y debe de continuar en esa base”.

Frases como la de Píndaro que decía “Que los sabios deben de guiar a los ignorantes” son las que han moldeado el pensamiento occidental y que han hecho que los hombres en el poder, sin distingo partidista, utilicen a las masas para entronizarse y erigirse sus protectores.

Platón decía que el Hombre debe de estar contento con el lugar que le corresponde por “naturaleza” (donde los débiles deben obediencia a los más fuertes), por lo que el austriaco apela que “debemos moralizar la política no políticas moralizadoras”.

Todo lo anterior sale a colación, en virtud de que el libro que fue escrito en 1945, tras los errores del barbarismo cometido por los fascistas, y que pese a ello no impidieron el surgimiento de estados totalitarios como los Socialistas, quienes enarbolando la “lucha de clases” se dedicaron a someter a sus vecinos, impidiendo la libertad individual en aras del bien común.

“Mientras un hombre individual no tenga el poderío físico para dominar a los demás, se verá en la necesidad de tener auxiliares”, nos advierte el autor, quien ve como los hombres electos por los pueblos, necesitan de aparatos de opresión y control, para gobernar en beneficio de su pueblo.

Éste veneno, el de la desigualdad está inoculado en las sociedades y democracias modernas, donde pese a que se ha alcanzado la libertad jurídica, tan sólo en el papel, hace utópico que las injusticias dejen de existir en la realidad.

El papel lo aguanta todo, y la piel de los hombres siempre va a ser delicada (parafraseando a Catalina la Grande) para soportar los rigores de la obediencia ciega, por lo que los gobernantes apelaran al control mental, ya que la mente gobierna al cuerpo y quien controla las mentes controlará la sociedad.

Lo anterior es el origen de la alienación política y es por ello que recomiendo el texto que, pese a sus más de 70 años de su publicación, sigue tan fresca y tan vigente, para conocer los peligros a los que nos enfrentamos como sociedad.

 

@borgestom