Hace unos días, tomé un taxi en la calle pues iba a una distancia bastante corta, normalmente utilizo Uber (y no porque me sobre el dinero, sino porque en él me siento un poco menos “insegura”), siempre comparto la ubicación con mis amigas y mi mamá, así como una screenshot del perfil del conductor. Esta vez no fue así, pues como mencioné, iba a no más de de tres kilómetros de mi casa.

Me subí, y el asiento del copiloto me aplastaba las rodillas porque no funcionaba el respaldo, el chófer no llevaba el cinturón de seguridad puesto, y pues de cómo sonaba, ya ni le cuento, parecía una carcacha.

El conductor comenzó a hacerme platica, o más bien, un cuestionario incómodo, al que por mi seguridad, respondí, respondí con mentiras y usando monosílabos: ¿Cómo te llamas? ¿Y vives ahí donde te recogí? ¿Cuántos años tienes? Me parecía súper incómodo responder, al mismo tiempo pensaba en que este sujeto para qué quería saber sobre mí, por supuesto que para nada bueno, creo yo.

El cuestionario dio un giro inesperado cuando me preguntó: ¿Estás casada? Y la verdad, fue en lo único que respondí con la verdad –¡No!– le dije, a lo que respondió algo que nunca me hubiera imaginado ¿Pero sí te gustan los hombres, no?… En ese momento me quedé pensando, a ver, tengo 23 años y porque no estoy casada, ¿soy lesbiana? ¡Wow! Me sorprendí y me asusté, ¿de verdad alguien puede tener la mente tan cerrada? Y si fuera lesbiana, ¿Cuál sería el problema?

Por supuesto que en ese momento me hizo enojar, y le respondí que qué pregunta tan retrograda y machista, el tipo se molestó mucho por mi comentario, pues se le notaba en la cara y la respiración, comenzó a conducir a prisa, por lo que le pedí que se detuviera para poder bajar, me cobró de mala manera y más de lo que marcaba el taxímetro, pero yo preferí mi seguridad a discutir con una persona que se torna agresiva.

Con estas líneas únicamente quiero compartir lo inseguras que muchas mujeres nos sentimos en el transporte público o privado (del tipo que sea), no es paranoia, es miedo por la realidad que vivimos. ¿Saben? Sé que algunas personas reaccionarán con un “me divierte” a este texto, y eso también me asusta, porque no somos empátic@s, no somos solidari@s con la otra persona, porque muchas y muchos pueden ver que algo está mal y no hacen nada, como ocurrió con la mujer golpeada por su expareja en Saltillo; un hombre pasó a lado y ni siquiera preguntó si todo estaba bien, ella ahora se encuentra en el hospital por las lesiones.

Antes de que me crucifiquen, sé muy bien que la inseguridad la vivimos hombres y mujeres, pero como una abogada y defensora de los derechos humanos me dijo un día: Las mujeres somos el sexo vulnerado (no vulnerable). Los feminicidios son diferentes a los homicidios porque a nosotras nos matan por el simple hecho de ser mujeres. Por eso vivimos con miedo.

Intentemos comenzar un cambio por nosotr@s mismos, podemos ayudar al país con acciones individuales, porque algo sí les digo, un gobernante no transformará a una nación solo.