Germán 15 años, el buen hijo y el dolor de Rosa Elia. Sin piedad…

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Por MALE Capetillo Cabrera. (Stephany Capetillo, autor que contaba cuentos y ahora cuenta cadáveres)

Cuando eres pequeñito tu madre un día te dice al oído en un momento oscuro que te pongas de rodillas y le pidas a Dios con mucha fe, te va enseñando valores y principios de que no debes robar, engañar, herir a otros para obtener lo que deseas, que con base a trabajo duro y honesto los sueños se pueden alcanzar.
Vas a primaria, a secundaria, ves el sacrificio de tu madre y de tu tía para sacarte adelante junto con los tuyos, pero tienes un don, un don de números, un don de organización, decides ser el hombre de la casa y vas con tanta seguridad a una empresa a pedir trabajo aún siendo menor de edad que ellos no se puede negar, tu madre no quiere que trabajes tanto, porque la gente no sabe que además trabajabas en un ciber donde, audaz como siempre podías hacer un pago extra, hacer sin costo las tareas y además andar en línea con los amigos sin problema alguno.
Eres un buen hijo, divides las partes entre la casa, tus gustos y tus necesidades, te han dicho que si te topas con gente mala les des todo lo que pidan, que no te hagas el héroe, que tu vida es preciosa.
Por eso cuando entran, tú sientes miedo pero paz, les das todo cuanto piden, ellos saben donde se encuentran las cosas, ellos saben horarios, claves, modos de la tienda, incluso te parece, han mencionado tu apodo un par de veces, te piden que te hinques y lo haces, ellos corren, dan la vuelta, van armados, han pensado irse con éxito, pero el de la pistola sabe que lo conoces, él te conoce, no está seguro si ha dicho tu nombre o si vio una pequeña reacción en tu rostro cuando oíste su voz o siemplemente es un drogadicto paranoico.
Él ya se iba, pero el brazo le jala y apunta a tu espalda, a tu espalda de buen hijo que ha cargado la falta de recursos y oportunidades, del hijo que de rodillas y ojos cerrado reza, porque esto ya termine.
Pero no así, no contigo acurrucándose como en la tierna infancia, no contigo en una imagen viralizada, en posición fetal.
El buen hijo hincado recibiendo un disparo cobarde por la espalda de uno de tres delincuentes.
El tercer adolescente muerto ese mes en el mismo puerto, el buen hijo, el no era narcotráficante como dijeron de las chicas de 14 y 16 muertas a balazos , pretexto con el que se lavaron las manos las autoridades.
De ti Germán no pueden decir eso, de ti no pueden huír mientras tu madre recababa fondos para enterrarte porque no tenía ni eso, de ti que tu empresa alza la voz y dice ¡Ya basta de inseguridad! Mientras la alcaldesa dice que la inseguridad no la puede arreglar de un día para otro, de ti no puede ella decir que tú te lo buscaste. De ti que le prometías a tu mamá cuidarte mucho, de ti que le decías cada quincena “mamá ya nos falta menos para la compu. Yo creo que en dos quincenas más porque voy a armarla bien chin…” De ti que tu madre expresa con las lágrimas y la impotencia “Yo creo que mejor hijo no pude haber tenido” De ti no pueden decir nada malo.
Ahí está señor gobierno y lo escribo así con minúsculas porque yo también soy madre, ahí está el vídeo de un hijo trabajando y de tres pelagatos sin oficio. Porque no hay término en el diccionario para ello, cuando un hijo pierde una madre es huérfano, cuando se pierde una pareja se es viuda o viudo, pero cuando se pierde a un hijo ni siquiera eso se tiene, una definición para ese dolor.
Ahí está el hijo de todas nosotras arrodillado recibiendo por la espalda la omisión de cuidado de todos nuestros gobernantes, los que estuvieron, los que están.
Ahí está el vídeo de un mexicano arrodillado en su trabajo y una bala sin piedad.