Por Ximena Delgado

En México, la violencia es un problema muy grave que permea los diversos ámbitos y aspectos de nuestra vida. Es posible resaltar en nuestro país la existencia de la violencia de género, la violencia contra las minorías, la violencia contra los periodistas al ejercer su trabajo y, también, la violencia contra activistas y ecologistas. En esta ocasión, es pertinente hablar de los asesinatos de 13 activistas mexicanos que, desgraciadamente, perdieron la vida por alzar la voz en pro de los derechos humanos y del medio ambiente. En el marco de la Cumbre de Acción Climática de la ONU, donde la figura de la joven activista Greta Thunberg resalta por su encomiable labor de concientización de las personas en el mundo ante la crisis global por el cambio climático, cabe resaltar la figura de algunos de nuestros paisanos que se han visto privados de la vida al tratar de luchar por causas similares a las de la adolescente sueca.

Los activistas Sinar Corzo, Noé Jiménez, José Santiago Gómez, Gustavo Cruz, Bernardino García, Estelina López, Óscar Cazorla, Samir Flores, Abiram Hernández, Modesto Verales, José Lucio Bartolo, Leonel Díaz y José Luis Álvarez fueron asesinados en los estados de Chiapas, Veracruz, Oaxaca, Morelos, Guerrero, Puebla y Tabasco por manifestarse en contra de proyectos de infraestructura y de proyectos de hidroeléctrica y, a su vez, tratar de defender los derechos humanos de las comunidades aledañas afectadas. De acuerdo con las autoridades de cada estado, algunos de los activistas habían denunciado anteriormente que habían recibido amenazas. 

Según datos proporcionados por Front Line Defenders, fundación encargada de proteger a defensores de derechos humanos en riesgo, en 2018 fueron ejecutados 21 defensores en México, lo que representó el 15% de la cifra total de ejecuciones de activistas a nivel mundial. Lo