Frédéric Martel es un sociólogo y periodista francés, autor de libros que van de la cultura de masas a la homosexualidad y el Internet. Ahora presenta su nueva investigación que le llevó cuatro años, más de mil entrevistas que incluyeron altos cargos eclesiásticos, 80 investigadores de apoyo y viajes por todo el mundo, para describir un sistema que inicia en los seminarios y se basa en la doble vida de algunos sacerdotes, la homofobia más radical: la nueva y esquizofrénica Sodoma.

A su paso por México lo entrevistamos sobre este sistema donde no escasean quienes anhelan el poder para tener sexo y el sexo para tener el poder pues no en vano, como se le atribuye decir a Oscar Wilde, todo trata de sexo, excepto el sexo. El sexo trata del poder. Donde también hay rumores, lavado de dinero, ley de silencio, redes de prostitución, celos, chantaje y venganzas. Todo en una hermosa ciudad maldita no tan distante del mar muerto, donde abunda la perdición, perversión, libertinaje y vicio, cuyo origen se remonta a relatos en el primer libro del Antiguo testamento con su lluvia de fuego y azufre.

-¿Cómo pasó de la cultura mainstream al tema del poder eclesial, y qué tienen en común además del gusto por las drag queens?

-“En los últimos cinco libros hago reportaje global en muchos países, siempre tiene que ver con algo que más o menos se conoce pero sin un libro que realmente describiera lo que estaba pasando. No soy especialista de la iglesia, pero sí acerca del poder y del sexo, principalmente la homosexualidad, escribí tres libros acerca de eso, así que yo era la persona indicada para escribir Sodoma”.

Las drags aparecen no solo por esa artificialidad desmesurada, la exageración, o un vestuario donde reinan los delicados encajes, la ironía camp reflejada en colores como violeta, azul turquesa y los vestidos con colas de tantos metros de largo que harían rabiar a más de una novia caprichosa. Todo un estilo entre la Roma de Fellini, las Meninas de Velázquez y digno de Lady Gaga. Como el antigay cardenal Raymond Burke: “especialistas en drag queens me decían, él es. Él tiene todos los códigos. Algunos me dijeron que hacía una caricatura de Burke, pero él es una caricatura. No es que yo lo crea, solo describo lo que es él. Es un mundo loco, y creo que estoy dentro de la realidad”.

La investigación fue realizada como si fuera “un gran rompecabezas. Junto las piezas que he encontrado, trabajo en cada pieza y luego las pongo todas”. No se trata de un libro anticlerical, explica, pues “lo importante para mí cuando se hace un libro así es saber cuál es tu tarea, no hay que cambiar la dirección, jamás. No eres espía, no se acuesta uno con los sacerdotes, no quieres cambiar a la iglesia, entonces no tienes una agenda política. Simplemente tratas de escribir un buen libro, una buena historia, y la gente sabe lo que uno está haciendo. Todos lo sabían, por supuesto no sabían el título, los detalles o el alcance. Pero conocen mi nombre y pueden fácilmente ver quién soy. Les dije que era periodista, que era escritor. Eso es importante para mí”. Y no es para menos, pues para el autor “estamos cerca de un cisma, la crisis más importante desde Aviñón al sur de Francia, donde yo crecí, y donde tuvimos un Papa”.

-¿Cómo afectará esto a un país como México en particular?

-“México muestra la quintaesencia del problema. Se calcula que más de dos terceras partes de los cardenales, los arzobispos y los obispos mexicanos son activamente homosexuales. La élite de su iglesia está muy homosexualizada. Es un país grande, católico, y hay también hipocresía. Por supuesto son muy homófobos también, esa es la regla de mi libro: homófobo en público, es más probable que sea homosexual en privado. Así es como los reconocemos, si un cardenal está obsesionado con el tema gay tal vez él sea homosexual. Por el contrario, conocí a muchos otros cardenales que no tienen ningún problema con los gays, les preocupa el abuso sexual y están obsesionados con eso pero no la homosexualidad. Por lo general esos son heterosexuales”.

-¿Qué papel considera jugaron altos funcionarios del Vaticano en la protección de la Sodoma mexicana? Personas como Juan Sandoval Íñiguez, Norberto Rivera y Onésimo Cepeda, por ejemplo.

-“Cuando Rivera cumplió 75 años, el papa Francisco lo cesó. Hay una tradición en la que se esperan unos dos o tres años más, pero básicamente lo echaron un día después. Así que es claro que el papa Francisco quiere que Rivera esté afuera”. Llama la atención que al igual que otros príncipes de la iglesia acostumbrados a la buena vida como Tarcisio Bertone, Angelo Sodano o AntonioRouco, el polémico Rivera también se negó a irse de la casa del arzobispado de la que finalmente fue sacado.

El caso de Marcial Maciel, otro protagonista de la Sodoma nacional, “es muy enfermo, patológico. Para mí lo que es más importante es, ¿por qué pudo actuar a largo plazo? Existían informes desde finales de los años 40, inicios de los 50. Durante los siguientes 50 años pudo actuar, cuando ya se sabían más cosas. La pregunta es, ¿por qué lo protegieron tanto tiempo? Y yo diría que muchos de los que lo protegieron son también homosexuales. Pero más que eso, es resultado de cuatro redes: el episcopado, los obispos y cardenales aquí en México; el nuncio, el embajador del Papa; el Vaticano, por supuesto. Y tal vez personas y políticos derechistas, porque era muy anticomunista y anti teología de la liberación. Podríamos decir que es crimen organizado. La gente en Chile, por ejemplo, piensa que podemos usar el término crimen organizado acerca de este sistema de protección. Así que intento entender por qué esta gente que sabía no decía nada. Incluso Norberto Rivera no ha denunciado en gran medida a Marcial Maciel”.

-¿Qué podrá hacer el papa Francisco frente a esta mezcla de dinero, sexo y poder? ¿Cuál será su margen de maniobra?

-“Es un jesuita viejo, tiene 82 años. Latinoamericano, peronista, argentino,  y como jesuita típico un día puede ser pro gay y otro día anti gay. No me caía muy bien por este tipo de contradicciones, y a través de la investigación descubrí como era atacado por cardenales de la derecha. Y creo que es la razón de que está siempre intentando dar un paso para adelante, otros pasos para atrás, porque tiene oponentes muy fuertes. Tengo que decir que me empezó a caer bien, empecé a amarlo”.

-¿En el libro hay para usted algún personaje entrañable?

-“Tengo empatía con muchos de los personajes del libro porque soy una persona que conecta fácilmente con los demás, empatía gay inclusive. No puedo dar nombres, pero ellos están encerrados en su propio clóset. También de alguna manera son víctimas del sistema, incluso si contribuyen al sistema. Son personajes trágicos. Por supuesto hay casos terribles, personajes como Alfonso López Trujillo, Angelo Sodano, que por supuesto detesto. Pero incluso cuando son homófobos tienes que entender que esa es una manera en la que ellos nos muestran que son gays. Y no pueden salir del clóset. Pero todo eso va a cambiar, un día veremos a un cura casado, mujeres que serán curas, y homosexuales sacerdotes”.

-En este trabajo hay más de mil entrevistas y viajes por todo el mundo, ¿cómo se organiza algo tan monumental y cómo se financia?

-“Todos los libros anteriores iban en el mismo sentido de alguna manera, creo que hubo todavía más entrevistas en (Cultura) mainstream, y en Smart fueron 50 países o más. Se financia porque los libros previos fueron muy exitosos y usé las ganancias para hacer el siguiente, todo el tiempo. Mis editores son también bastante grandes, en Inglaterra es la misma editorial de los libros de Harry Potter, por ejemplo, así que por supuesto pueden financiar un libro así. No podría haberlo hecho sin el éxito previo. Pero como periodista, más en lo personal, es también la cosa de, lo haces. Si estás esperando que el dinero llegue entonces no lo vas a hacer. Es cierto que ayuda ser periodista de radio y ser más o menos famoso en Francia, doy clases, no necesito mucho dinero para vivir y puedo usar un poco de eso cada mes para trabajar en los libros. Entonces ahí realmente es la voluntad y el tiempo, cuatro años. Vine 4 veces aquí para este libro, 5 o 6 veces a Cuba, y a muchos otros países. Por 4 años fui a Italia una vez a la semana de cada mes, y básicamente viví en el Vaticano donde no tuve que pagar la habitación, fue barato”.