Por Leonardo Garvas

Es común encontrarnos en estos días con muchachos woke que, viendo el entusiasmo de todos por las fiestas, salen a protestar en contra del concepto de “patria”. Nos bombardean con memes y publicaciones en redes sociales de que la patria es algo inventado y sólo existe en nuestra imaginación. Y entiendo su punto. ¿Cómo podríamos pedirles que se apeguen a algo que a lo largo de su existencia sólo les ha traído vergüenza debido a la corrupción, la desigualdad, la violencia, el desinterés por nuestros recursos, por nuestra gente y por la naturaleza? Hasta ahí, el concepto parece que nada más sirve para alimentar inercias como la discriminación, el odio a lo diferente, el fanatismo. Pero… ¿qué tal si por primera vez pudiéramos sentirnos orgullosos de lo que estamos logrando al vernos como un grupo que se unió para algo admirable?

El individuo que desprecia el concepto de patria, lo relaciona con todo aquello a lo que no debería estar relacionado. Si apreciáramos este concepto como un intento de salvar la naturaleza, la tierra donde nacimos, las tradiciones y cultura que hemos construido con orgullo, a nuestros semejantes en desventaja o dificultad, a nuestros hermanos de otras patrias. Reconstruir el significado sólo para aquello que nos hace mejores y no nada más para la idolatría de símbolos, figuras, banderas e himnos, que han perdido todo sentido. Decir que la patria revive lo mejor de nosotros. Eso fue lo que sentí al ver el Zócalo repleto de ciudadanos esperanzados por estar en algo que al fin lucha por el bienestar de la humanidad. La emoción de un símbolo que representa la persecución de los tiranos y corruptos, y el apoyo al que necesita que le echen una mano. Un espíritu que nos hace pensar: Está bien, por mi país soporto, me aguanto, con tal de que eso beneficie a los que están mal. Y que en ese ejemplo que damos como sociedad organizada, tenga algún sentido de que alguien más diga: ¡qué grande puede ser la patria de una nación!

Tal vez sea la emoción de los festejos, de los días de fiestas, tal vez esté pecando de optimista, ¿pero no sería grandioso que por fin existiera la posibilidad de tener un icono por el cual sentirnos orgullosos? ¿Es ésta nuestra oportunidad? Y si no lo fuera, ¿qué importa?, con tal de que algo nos obligue a cambiar, aunque sea un poco, y salve tanto de lo que estamos perdiendo de la patria que estamos perdiendo.