El Marqués de Sade: ¿precursor de ideas feministas?

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Por Jorge Augusto Peña


En su aniversario luctuoso, te contamos cómo defendió la emancipación de la mujer

El dos de diciembre de 1814, Donatien Alphonse François de Sade, mejor conocido como el Marqués de Sade, o simplemente “el divino Marqués”, perdió la vida debido a un edema pulmonar en el hospital de San Mauricio, en Francia.

Su obra ha sido objeto de exactamente los mismos prejuicios que critica en ella. Para lectores superficiales no pasa de ser “pornografía”; sin embargo, para autores como Guillaume Apollinaire, en realidad aboga por una democracia en la que exista igualdad para todos los hombres y mujeres.

Un ejemplo excelente de esta afirmación se encuentra en una de sus obras más conocidas y extensas, Juliette (o el vicio ampliamente recompensado), en la cual retrata a una mujer que desafía las normas morales y jurídicas de su época por medio de transgredirlas.

Juliette, protagonista de esta historia, relata que desde su infancia comenzó a ser objeto de necesidades sexuales, y que con sus dedos lograba el objetivo de satisfacerlas. Actualmente, gracias a los avances del psicoanálisis, sabemos que la masturbación en la infancia es común; pero cuando la novela se publicó, Sade, escandalizó la moral de los franceses de su tiempo, y se sabe que el mismísimo Napoleón mandó que se quemara cada copia que fuera encontrada de esa novela, y la editorial donde fue impresa. 

Al parecer lo que más enervó al público acerca de esta novela, fue que la protagonista es una mujer que se entrega a la denominada “inmoralidad sexual” y cuestiona constantemente la necesidad de la existencia del matrimonio monógamo; con ello, de paso, critica al catolicismo radical del que provenía esa idea. ¿No es esto similar a la crítica que hace el feminismo al falogocentrismo? Juliette es libre de ejercer su sexualidad como quiera sin importar lo mal que esté para la sociedad o cualquiera de sus religiones.

Sade puso en su heroína libertina una armadura hecha del racionalismo propio de la ilustración e hizo que cuestionando las normas que la restringen, encontrara una libertad subjetiva e individualista.

Simone de Beauvoir, ícono feminista, encuentra en Friedrich Nietzsche una posible influencia de Sade. Y es que vistos con lupa, el superhombre nietzscheano y Juliette no son tan diferentes. 

Nietzsche dice en su Zaratustra que antes de ser el superhombre hay que ser camello, es decir, ser conscientes de los valores con los que cargamos, después hay que ser un león, que rugiente luche con todos los imperativos de la sociedad, al final hay que ser un niño, que inocentemente juegue con los valores que ya no son una carga, ni algo contra lo cual luchar, sino cosas con las que podemos elegir jugar o no. 

Juliette poco a poco se hace consciente de la inmensa cantidad de normas que la oprimen, lucha contra esas normas por medio de invertirlas, o mejor dicho, pervertirlas, y al final se queda solo con las normas que se adaptan al estilo de vida que quiere. El superhombre nietzscheano es una mujer sadeana.

Juliette es una anti-mujer, porque no obedece al dios padre que le impone casarse virgen, vivir atendiendo a su esposo e hijos, es anti-mujer porque lee a los clásicos y estudia en lugar de morir siendo una esclava ignorante. 

Revierte principios éticos, y aboga, por ejemplo, por la libertad de abortar. También revierte principios estéticos y defiende que no hay un cuerpo femenino perfecto, porque¿qué es perfecto?

En suma, Juliette, es un personaje que ejemplifica una crítica a los valores de la era moderna y que, por lo tanto, sienta las bases de la posmodernidad. 

El Marqués de Sade fue un autor sin restricciones y pagó en carne propia por sus escritos y estilo de vida, pero este día vale la pena recordarlo como alguien que alzó la voz contra un régimen opresor y no debemos perder de vista que decidió decirlo por medio de una mujer. En esta época, en la que se exige más que nunca una equidad de género, ¿cuántas Juliettes habrá allá afuera?