Por Paulina García M.

Dice Isabel Allende en una de sus novelas: “Con cada amor volvemos a nacer y con cada amor que termina se nos abre una herida. Estoy llena de orgullosas cicatrices.” Y qué mejor manera de definir los procesos cíclicos de las relaciones y las rupturas amorosas. 

Recuerdo que la primera vez que terminé una relación sentí que el mundo se me venía encima. En su momento podemos creer que el dolor no tendrá fin, puesto que físicamente nos encontramos en un periodo de abstinencia, no se trata sólo de algo metafórico, sino que en esta etapa nuestro cerebro deja de producir la dosis de dopamina que se da en el enamoramiento o al tener relaciones sexuales. Lo cierto es que, con el paso del tiempo cualquier herida termina por sanar. 

Es común que muchas personas opten por saltarse el proceso del duelo y comiencen inmediatamente a salir con alguien más; sin embargo, haciendo esto probablemente “tenderás a repetir los mismos errores con tu nuevo novio/a, y te resultará difícil confiar en alguien”, así lo afirma la psicóloga especializada en pareja, Danielle Forshee. 

Por ello, por muy difícil que sea, es preferible vivir el duelo antes de embarcarte en otra relación. Ese tiempo contigo mismo te ayudará a comprender los aprendizajes que te dejó la relación, reorganizar tus pensamientos, tus emociones, tu vida y a crecer emocionalmente.