Jueves 27 de Junio de 2019.
Vivimos la peor experiencia de nuestras vidas.
Estamos dentro de los albergues para alumnos de la granja, que obviamente es parte de la UNAM, en donde decides realizar servicio social, tesis, residencias, prácticas; un lugar que se supone (en tu cabeza) es seguro por ser parte de la escuela, donde no arriesgas tu vida al andar en transporte público o salir de ella, donde vives literalmente 24/7.
Son las 10:30 de la noche, salgo de bañarme y me dirijo a dormir. Mando mensajes a la gente que quiero, deseando buenas noches, esperando volver a tener contacto con ellas al día siguiente.
Sientes que llevas ya horas durmiendo (pero apenas son las 11 pm aprox.) cuando de pronto notas una presencia extraña en la recámara que compartes con 3 niñas más, quitas la cobija de tu cara y ya tienes una luz encima y dos hombres que no reconoces ya están apuntando con un arma a tus compañeras, mientras te gritan que te levantes, les están arrebatando los celulares, tienen de rehén también al vigilante de la granja. Salgo de la cama mientras escucho que el tipo que me levanta está muy agresivo con mi compañera que duerme arriba y al mismo tiempo me pide también a mí el celular, sólo se me ocurre decirle que no tengo mientras lo escondo entre las cobijas de la cama, nos ponen a todas frente al clóset, de espaldas y nos piden después que salgamos a buscar a las chicas de los otros cuartos, tiran otra puerta de una patada y sacan a otras cuatro niñas a punta de pistola. ¿Saben que es lo más gracioso? Se tomaron la decencia de decirnos que nos cubriéramos porque hacía frío afuera. Nos sacan a las 8 chicas del albergue y nos ponen contra la pared, de espaldas, pasaban mil cosas por mi cabeza, solo podía escuchar llantos, groserías, le preguntaban cosas al vigilante a las que ni siquiera podía poner atención y de pronto retumba en mi cabeza un solo comentario entre los asaltantes “QUE CAMINEN Y LAS SUBIMOS ALLÁ ADELANTE”, piensas que es todo para ti, para tu vida, piensas en secuestro, feminicidio, todo y mil cosas más. Nos hicieron caminar hasta encontrar el albergue de los estudiantes de prácticas, nos dirigen al cuarto de hombres y nos encontramos con que ya tenían a los 9 estudiantes de práctica amarrados dentro de un baño, nos empiezan a amarrar las manos a todos con las agujetas de los zapatos que algunos alcanzaron a ponerse, todos sentados en las camas, llegan también amarrados y a punta de pistola el profesor de práctica, 2 chicos de SS (a quienes ya habían metido a la granja junto con el profesor para explicarles cómo estaban distribuidos los animales) , 1 chico de estancia, 1 tesista y 1 ayudante de profesor, a ellos les toca hincarse en el piso.
Nadie quiere voltear a ver sus caras, no sabes si te van a golpear, a disparar, a violar, a secuestrar, lo único que yo necesitaba en ese momento era que terminaran de robar los animales de la granja y se largaran, que tomaran lo que quisieran, que ya terminara todo. Ni siquiera podía imaginar cuánto tiempo había pasado ya, lo sientes eterno.
Sufres aún más cuando sacan a tres de tus compañeros con la cabeza cubierta, tomados de las manos, ¿a dónde se los llevan?, ¿qué les van a hacer? Sólo podía pensar lo peor, pero los regresaron minutos después, solo necesitaban ayuda de ellos.
Estoy segura que desde que entraron a la granja, hasta que decidieron irse con la última carga de cerdos, pasaron más de 4 horas y media, las peores horas de mi vida encerrada en un cuarto muy pequeño junto con 23 personas más, se acababa el oxígeno, empezamos a notarlo mientras un par de personas entraban en pánico o se desmayaban y decidimos salir, ya no importaba nada más, sabíamos que estábamos expuestos a que esas personas (entre 8 y 10 asaltantes y algunos armados) siguieran ahí o volvieran, pero debíamos arriesgarnos.
Logramos recuperar el teléfono que escondí para pedir ayuda. No pudo entrar la policía pero por lo menos “se sentía más seguro”.
Esta situación en los centros de la UNAM no es la primera y sabemos que no será la última, y lo peor de todo es que no se toman medidas para prevenir las próximas.
¡No estamos recibiendo ayuda (más que psicológica), no nos están apoyando, no nos quieren ayudar ni van a resolver nada sobre la seguridad! Y todo esto PORQUE NO HAY PRESUPUESTO.
De verdad que los administrativos de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM al igual que el director, necesitan pasar por situaciones similares, o algún familiar de ellos para que QUIERAN hacer algo por los estudiantes que nos exponemos TODOS LOS DÍAS en los CEIE’s para poder llegar cada uno a nuestras metas.
#MeDuelesFMVZ
#MeDuelesUNAM
#VoyDePracticaYPuedeQueNoVuelva