Hoy en día, uno de los medios para conocer a “nuestra media naranja” (si es que eso existe) son las redes sociales. A través de ellas, nos enamoramos y desenamoramos (o eso nos han hecho creer).
Se han convertido en parte escénicas de nuestro día a día, básicamente porque nos hacen creer que en ellas podemos encontrar todo lo que buscamos (algo formal, una “relación seria”, sexo rápido, fetiches, fantasías, experiencias nuevas, etc.,) y todo completamente gratis.
Cuando comencé a entrar al mundo virtual eran los años que daban comienzo al nuevo siglo (2000-2001, aproximadamente) pagábamos hasta 24 pesos por dos horas de navegación virtual, en el café-internet de la colonia, era emocionante perderse en la web, había una página para platicar con otras y otros (sí, esa que tenía de logo una carita feliz color amarilla), podíamos cambiarnos el nombre, la edad, bueno hasta el sexo, y prepararnos para conocer a quien nos ofrecía lo que buscábamos, según nuestro estado de ánimo.
Casi 20 años después, el acceso al mundo virtual es mucho más sencillo, podemos acceder a un mundo de aplicaciones que según el logo cambian los perfiles y los intereses de los usuarios, existen apps que son exclusivas para encuentros sexuales, sí, hoy el sexo se ha abaratado con un solo click.
La creencia del amor virtual es tan actual, que incluso hemos llegado a preferir el contacto a través de dispositivos móviles y aplicaciones de ligue, que nos permiten editarnos y mostrarnos como queremos, no necesariamente como en realidad somos, de hecho, esa es una las principales ventajas, a través de la web podemos enseñar al otro únicamente aquello que nosotros deseamos.
No negaremos qué hay historias (las menos) que resultan verdaderos “cuentos de hadas”. Sin embargo, uno de los problemas más grandes que hacen fracasar nuestras relaciones en línea son: las expectativas. Piense usted que le ha pasado cuando comienza a salir con alguien (de manera real), ¿no le resulta inevitable comenzar a hacer expectativas? Comienza usted a suponer lo que el otro quiere, trata entonces de adelantarse a darle todo, sí, todo lo que usted tiene aunque el otro/a no lo haya pedido.
Imaginemos ahora ¿cómo será hacer expectativas de alguien que no conocemos? No se trata de satanizar lo que los avances tecnológicos nos ofrecen, estar alejado de redes sociales también nos limita de una realidad que nos guste o no ya se ha metido hasta en las relaciones emocionales, sin embargo, sí se trata de ser cuidadosos de cómo las utilizamos.
Enamórese si es que usted quiere, no de los perfiles o las fotos que ve, dese el tiempo de conocer (físicamente), de tratar (afectivamente) y de decidir con quién sí y con quién no.
No se confundan, las caricias y los besos reales no valen lo mismo que los virtuales. Deje de enviar ramos de flores electrónicas y comience a regalarlas reales, es más, regale vida, regale una planta con raíz que le recuerde a la persona que ama, que cada día debe regarse (como el amor debe cuidarse siempre), que darle mucha agua terminará ahogándola (como la desconfianza y el control a una relación) y que siempre (la relación) va a crecer a su tiempo.
El amor debe sembrarse y cuidarse día a día, pensar que un emoticón con ojos de corazón dice lo mismo que un te amo, es falso; si usted es de las/los que aún manda los buenos días con un mensajito cálido, con palabras que hacen sentir al otro lo maravilloso que es para usted en lugar de emoticones, reciba un aplauso de pie, si usted es la que responde esos mensajes con una manita arriba piense que las palabras y las frases, siempre dirán más que iconos con corazones.
Nos vemos y escuchamos mañana con otro programa de Sexualízateenvivo.

Gracias por sus comentarios, abrazos fuertes.